domingo, 24 de septiembre de 2017

El Laberinto de los Fantástico: El Prólogo





Todos los años desde hace cinco años, la llegada del verano es para mí una época de tensión, tengo que decidir a quién le pido que me haga el favor de escribir el prólogo del libro de Ficción Científica, y por supuesto que él o ella, acepte.

Se lo he pedido a grandes amigos entre los escritores de ciencia ficción que tengo en España, pero esta vez quería hacer algo diferente, quería pedírselo a alguien de fuera del país, y además no iba a ser buscar a gente de fuera de España, ya tenía en la cabeza quien iba a ser:  Teresa P. Mira de Echeverría.

Le había publicada una novela por entregas y había publicada muchos cuentos suyos, pero ya estaba publicando en España con dos editoriales y no sabía si podría decirme que sí, eso contando con que estuviera interesada. En fin, que un día le escribí por facebook, un poco asustado y para mi sorpresa dijo que estaba encantada con la idea.


Os cuento esto para que veáis como me como el coco con la selección de la persona que va a escribir el prologo, luego nadie me ha dicho que no, pero es que yo soy muy de tomármelo todo a la tremenda.

José Antonio Cordobés Montes

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 PRÓLOGO 

Teresa P. Mira de Echeverría 

Cada lector de Ciencia Ficción y Fantasía sabe, de una manera certera o nebulosa, qué es la Ciencia Ficción y la Fantasía. Y aunque este tópico constituya un tema de debate interminable entre críticos, investigadores, miembros del fandom y escritores; el lector está seguro, muy dentro de él (con una certeza probablemente no expresable en palabras), qué es lo que entiende, desea, imagina y ansía respecto de estos géneros. Y lo sabe porque cada lector es también un autor, ya sea que escriba o no. Es aquí donde se hace necesario decir que, quien escribe, está muy seguro de lo que escribe (aunque la inseguridad sea su rasgo dominante). Lo que abstrusamente intento decir aquí es: quien escribe de verdad (quien de verdad posee la vocación de escribir), escribe sobre lo que desearía leer, sobre el género que ama, sobre lo que él mismo "disfruta". Así, el lector-escritor posee también esta característica: lee lo que desearía "escribir" (ya sea en un papel/pantalla o en su mente o en un juego o, simplemente, en su disfrute personal interior). 

Y, por escribir, entiendo aquí un acto de creación. 

Leer es, pues, un acto de co-escritura. Cada uno de los lectores de esta antología estarán co-escribiendo todos y cada uno de los relatos aquí presentes. No sólo se sumergirán en ellos y se dejarán arrastrar por sus aguas, sino que las reencauzarán, esto es: los reescribirán. Sus propias experiencias, sus gustos, sus ideas, lo que suele llamarse eruditamente su "bagaje cultural" (que no es más el cúmulo de vivencias que una persona ha tenido) teñirán estas páginas con tonos ligeramente diferentes de los colores originales soñados por el escritor. Y eso hace de esta antología, miles antologías. Tantas como lectores. 

Ahora le toca el turno de hablar del otro componente del acto de "crear": el autor; quien en realidad sabe muy bien lo quiere (incluso, a veces, sin saberlo), y por eso lo ha escrito. Y cuando el escritor se ha esforzado y ha dejado su talento y su imaginación en su obra, el resultado es una puerta. 

Pues bien, sumemos todos los elementos: un escritor que sabe porque ama lo que quiere, un lector que co-escribe lo que lee, una puerta que resulta una en su objetividad y potencialmente infinitas en la subjetividad de sus interpretaciones. 

Puertas a tiempos remotos y a tiempos abortados. Puertas a mundos distópicos y a distopías actuales. Puertas a la mente de quien escribe y a la de quien lee. Puertas y más puertas creando un universo de libertad absoluta, sin restricciones, sin límites, sin fin... Por eso todos sabemos y no-sabemos qué es la Ciencia Ficción y la Fantasía: porque no puede ser definido lo que no tiene límites. 

Los conceptos limitan, acorralan, cercenan y dominan una materia de pensamiento. Y lo hacen para que la mente pueda soñar, ilusamente, que conoce en plenitud lo que ese concepto expone (concepto que, claro está, la misma mente ha creado). Porque cuando el ser humano tiene un concepto tiene certidumbre, tranquilidad, definición, estabilidad y se puede sentar a tomar un café tranquilo ya que el piso se halla firme y quieto bajo sus pies. 

¡Sí, claro! 

Pero, ¿qué pasa cuando aquello que queremos conceptualizar no reconoce los límites que intentamos imponerle? ¿Cuando un simple nombre o definición no pueden conjurar sus misterios? ¿Cuándo ningún nomenclador agota su esencia? ¿Cuando, en definitiva, lo que queremos capturar está vivo, crece, cambia y hasta muta constantemente? Bueno, lo que estamos acostumbrados a ver: debates sin fin, ideas que son más intuiciones que certezas, y el piso bajo nuestros pies vibrando como si estuviésemos en una nave espacial a punto de despegar... o como si estuviéramos tomando un café sobre la superficie de un planeta que corre frenético a más de diez mil kilómetros por hora alrededor de su sol... 

Bien, no pienso que sea prioritario definir aquí qué es la Ciencia Ficción o la Fantasía, pero sí creo firmemente que es un excelente ejercicio el intentar definirlas, puesto que cada vez que lo hacemos nos permitimos ver una instantánea de cuánto han cambiado el género, sus escritores y lectores a lo largo del tiempo y del anterior intento de definición. Dicho ejercicio de definición no se daría entonces para "definirlas", encorsetarlas y ponerlas en una vitrina sino para seguir abriendo un debate que, mientras tanto, permita reconocer lo que ya ha sucedido y ampliar más y más sus horizontes. En una palabra, volver más permeables entre sí los "ilimitados límites" de la Ciencia Ficción y la Fantasía y, por lo tanto, más proclives a engendrar nuevas variantes de sí mismas. 

Para todo esto es prioritario es escribir y leer (o co-escribir), una y otra vez cada término e idea pertenecientes a estos géneros. Mantenerlos vivos. Narrar, narrar y narrar hasta el hartazgo; tal como se hizo en la época de las cavernas y tal como seguramente se hará nueve millonésimas de segundo antes del fin del universo. Contar los mismos viejos temas de un modo nuevo... los temas nuevos de un modo arcaico... los temas que nunca se superarán... los temas que nos acucian para ser tratados de una buena vez... y los temas que, simplemente, nos gustan. Porque, nada en el mundo de la literatura, ni siquiera lo más humilde, es "prescindible".  

En esta antología, pues, cada lector verá confirmada sus ideas de lo que son la Ciencia Ficción y la Fantasía, y también las verá contradichas, rearmadas y desafiadas. Y les aseguro que eso los hará muy felices. Porque, seamos sinceros, en el fondo todo lector de estos géneros quiere encontrarse con los tópicos familiares y reconfortantes que nos siguen haciendo soñar una y otra vez, pero también desea experimentar el asombro de lo que jamás nos hubiésemos imaginado ni en nuestras fantasías más alocadas. 

* * * 

Ahora bien, ¿cómo lograr ejecutar ese verbo, ese acto creador, sin un sustrato que lo permita? ¿Sin un puente mediante el cual la narración pueda llegar desde el escritor al lector? 

Y aquí es donde entra en juego Ficción Científica. Desde hace varios años José Antonio Cordobés Montes nos ha dado la oportunidad a muchos de nosotros de darnos a conocer, de llegar hasta los lectores y de poder interactuar con ellos. Y eso es, desde todo punto de vista, invaluable. 

En esta oportunidad, como editor, nos presenta treinta y tres cuentos que muestran todos los lenguajes posibles de la Ciencia Ficción y la Fantasía a través de una asombrosa colección de relatos. 

Con esta antología el lector podrá escribir una carta junto a José Cascales Vázquez, una misiva intemporal que bien podría ser el resumen de toda nuestra especie, nuestros miedos y nuestros anhelos. Se apiadará del color blanco y aprenderá sobre sus posibilidades, cuando Malena Salazar Maciá y Yoss se unan para romper por completo las barreras del espacio y las costumbres. Revisitará un Marte tan nuevo como antiguo, de la mano de Carmen Rosa Signes U., descubriendo en el ínterin que los enemigos intangibles son los más temibles y que el arte puede protegernos mucho más que una coraza de hierro. Eugenio Barragán conducirá al asombrado lector por los eones pasados y futuros, donde lo más sublime y el azar se dan la mano en una excepcional mueca cínica. Y dejará dócilmente que Israel Alonso lo hipnotice con pinceladas surrealistas capaces de pintar, con sangre coagulada, un desierto donde el microcosmos y el macrocosmos se funden en un torbellino que intenta fútilmente (o no) darle sentido a la muerte y, por ende, a la vida... 

¿Ya está comprendiendo el lector-escritor el lujo de autores que componen esta antología? ¿Ya sufrió, vapuleado por arenas rojas, doradas y negras? ¿Ya lo encegueció el blanco? ¿Ya lloró el tiempo aún no perdido y meditó sobre esas lágrimas? Entonces es necesario que vuelva a tomar aire y a sumergirse en este laberinto que, como todo laberinto, está creado con el sólo propósito de que se pierda en él. 

Mareado por la tromba universal que lo ha vaciado de sí, y aún sin reponerse, el lector choca de frente con un relato sorpresivo y crudo de Joan Antoni Fernández. La ternura y la crueldad retratando los límites éticos y físicos del ser humano en un día de las madres perfectamente imperfecto. Luis Alonso Cruz recoge la posta y entonces el lector divisa un palimpsesto mental de símbolos sagrados y profanos que deberá descifrar si es que quiere unirse a unas huestes muy particulares (un poco a lo P. K. Dick y un poco a lo W. Gibson). No conformes con esto, la ciencia ficción televisiva se cuela en una historia de Star Trek donde Tony Jim Jr. hace que el lector lo ayude a coescribir un loco guion fuera del tiempo. Entonces, Ángel Ortega le da un volantazo abrupto al derrotero mental del lector, haciendo que contemple el fin junto al principio: lo incomprensible para los adultos contemplado desde los ojos de un niño. Y es ahí, justo cuando está más vulnerable, que Alicia Pérez Gil obliga a quien lee y co-escribe esta antología, a preguntarse por la continuidad de la realidad, por la existencia misma de esta, tal como un nuevo Berkeley que intuyese que la rutina (o el olvido de la sospecha) es la parte más importante de nuestra cordura; invitando al lector a sentarse muy quieto en un mundo pavoroso que nos obstinamos en ignorar, en no ver, para no perder de vista lo único que nos sostiene... 

¿El lector observa ya el trabajo que le conlleva escribir junto al escritor relatos tan bien entretejidos? Relatos que lo colocarán ante un espejo de agua viva que no lo dejará en paz hasta que tome una postura o, al menos, hasta que acepte la posibilidad de la duda, de la inseguridad de nuestra aparente tierra firme (ya sea que su suelo esté compuesto por leyes, costumbres, ideas o supuestas realidades innegables). ¿Ya puede imaginar el lector la vulnerabilidad de su mente ante un espejo que acentúa ciertos detalles hasta convertirlos en un retrato de lo que hasta hace unos segundos no podía ver por darlo por sentado? Pero, ¿también ha sentido el goce profundo de ese descubrimiento, de ese ensanche de su universo, de ese horizonte que se fuga frente a sus ojos? ¡Claro que sí! Y por eso continúa en su derrotero. 

Ahora, curtido por las alegrías, penas y desconciertos que ha dejado atrás (pero que, paradójicamente, lleva dentro de sí para siempre), nuestro lector se aventura en un paisaje más gris que todos los grises gracias a la pluma de Dolo Espinosa, quien le tiende un preciosísimo enlace con las fuentes últimas del sentido y de la creación; fuentes que el propio lector ya no podrá ignorar que él mismo posee. Armado de ese conocimiento, y seguro ya de su poder, el lector se deja que Pedro de Andrés lo conduzca por entre los escombros de un hombre, hacia la trastienda misma de los juegos o quizás de la vida, en un ciclo de sucesiones que se parece mucho a un reloading. Y entonces, tras la adrenalina, el lector/co-escritor se sienta un segundo y escucha con deleite el diálogo entre Alejandro Castroguer y su imaginación encarnada en un Ray Bradbury que es su Ray Bradbury, y le

resulta fácil reconocerse en ese ejercicio: porque es el mismo que él está realizando con el propio escritor... Cuando el lector por fin logra romper aquel regressus ad inifinitum, descubre un nuevo prodigio: Guillermo Echeverría le plantea un incidente aparentemente menor que termina desatando un cambio a escala cósmica. Podría ser que se hallase aquí ante la metáfora de la visión del hombre como creadora del universo (de su propia visión). Pero también podría tratarse de algo más profundo, de la superación de los obstáculos como medio de una evolución mucho más grande que la del propio universo. El lector, desconcertado, mira la superficie y el fondo de las cosas al mismo tiempo... ¿desconcertado?... no, no, más bien emocionado. Dicha emoción le proporciona un fácil acceso a otra mirada de un autor sobre sí mismo en tanto escritor (sobre todo escritor), a partir de un Henry Miller ganimedano, rejuvenecido eternamente por gracias del hechizo de Richard Montenegro. Y entonces, el co-escritor al que hemos dado en llamar "lector", comprende que ha estado reflexionando sobre la reflexión, sobre sí mismo, sobre el escritor escribiendo y sobre la propia escritura de la obra, de la vida e, incluso, de las cuerdas que tejen, como letras multidimensionales, al universo... 

¡Ah, lector aguerrido, que has llegado tan lejos sólo para hallarte en medio del camino! Y es que, luego de enroscarse sobre sí mismo y asomarse a sus propias profundidades (que son los abismos de todo escritor, de todo lector y de toda realidad que se precie de serlo y no-serlo al mismo tiempo); el lector se detiene, como un Dante en medio del bosque, justo ante la entrada a los abismos que, tarde o temprano, lo llevarán a las alturas. Porque al fin se encuentra "en la mitad del camino" que es, a una, el centro minotáurico del laberinto y el comienzo de su propio camino heroico. 

¿Acaso se encuentra ante un espejismo? ¿Se ha duplicado la realidad o es que ha entrado en un universo alterno? El lector descubre rápidamente que este Dolo Espinosa que vuelve a recibirlo en la antología, como si se tratase de una escalera de Escher, es el mismo Dolo Espinosa que antes lo llevara a descubrir cómo quitar el gris de un mundo que se desvanece... pero que, al mismo tiempo, no lo es. Porque cada cuento de un autor encarna una faceta distinta de él, una arista nueva, una nueva revelación. Así, el lector asiente a la invitación y deja que este escritor (que es el mismo y no lo es: algo que ya sabe que es perfectamente posible) le muestre a sus personajes en su vida más íntima. Es decir, le revele que todo personaje tiene, más allá de la imaginación de quien lo creó al escribirlo y de quién lo revive al leerlo, una vida propia inasible, misteriosa y fascinante. Aun meditando sobre la fragilidad y la complejidad de los personajes, nuestro lector casi se da de bruces con Reinaldo Manso quien lo ha esperado pacientemente. Hasta él ha llegado el lector para encontrarse con una historia alternativa, una historia llena de giros, como los engranajes de una antigua máquina jamás construida. Como si fuera poco, Erick J. Mota repite el proceso desde el otro extremo: estruja la memoria, la historia y la geografía humanas, hasta extraerles la última gota posible de tinta, y con ella escribe esa misma memoria, historia y geografía desde fascinantes universos alternos, vacíos, terribles, llenos e inquietantes, que se interceptan entre sí dentro de la mente del personaje y de la del propio lector. Ahora, se sucede una nueva torcedura imposible del propio espacio antológico, y otra-la-misma Malena Salazar Maciá aparece-reaparece. El lector avanza confiado, cree saber de qué se trata esto, pero pronto se topa con un espejo y un terror oculto, un miedo tan ancestral como la esperanza que lo alimenta. Tercer pliegue de la antología sobre sí misma y tercera cara de Dolo Espinosa. Bien, nuestro lector ya no se fía: sabe que aquí nada es lo que parece, que nada se repite, que ninguna superficie es un espejo aunque lo parezca. Aquí también debe haber algo nuevo, algo distinto. Y, por cierto, no se equivoca. Porque, luego de haber bebido con nuestro autor las más profundas narraciones en bellísimas copas de cristal, ahora se encuentra sentado a la misma mesa, riéndose a carcajadas, y compartiendo con él unas alegres medidas de un clásico remozado... 

El lector se ha cruzado con autores que son y no son ellos, merced a que cada una de sus obras los transfigura. Historias muy distintas. E intuye que él mismo ha estado delineando en su mente el retrato de cada escritor a medida que repasaba este cuento y aquel otro, tal como quien admira los diferentes perfiles de un modelo. Ha llegado al momento en que comprende que él mismo presenta asimismo esos distintos perfiles, y que sus propios escorzos se han ido multiplicado a medida que avanzaba en la antología. Se mira a sí mismo y ya no se ve uno, ni dos, sino múltiple, infinito. Y así salta hacia el próximo escalón, en este derrotero narrativo que lo-los lleva más allá de todo lo que creía conocer. 

Yoss... ¡sí, sí, sí, que esto es pan comido para el lector, y ambos se dan la mano! Los dos, los tres, los múltiples Yoss, y los dos, los tres, los múltiples lectores que son el mismo. Y ambos, todos, avanzan por una Tierra que, de pronto, ya no es el hogar del hombre. Y el lector descubre que aquello no era tan pan comido como creía... Luego de semejante viaje, nuestro co-escritor es introducido en un fragmento de una saga mayor por Juan González Mesa. El relato lo lleva, de pregunta en pregunta, directo hacia el punto nulo que ni una mente humana ni una robótica podrían llegar cruzar para luego volver. A esta altura, el lector ha conocido el destierro y lo irracional, así que se frota las manos ante lo que se le acerca... ¡Qué sí, que son viejos amigos sin conocerse! ¡Como ya lo es con todos los autores que ha leído en esta antología y que, sabe bien, leerá en lo que resta de camino! Así que da la bienvenida a Erick J. Mota como si fuera la primera vez porque... pues, ¡porque siempre lo es! Y Erick le responde con una maravillosa historia en la que los poderes ancestrales, las deidades depositadas en América por los esclavos, se unen a la tecnología ciberpunk para poseer a un hombre y hacer de él un mito vivo. Y ahí está de nuevo Dolo Espinosa y el lector lo sigue con tranquilidad sabiendo que lo conducirá por otra variante de lo sobrenatural, una donde la sangre manda por sobre todo las demás y la sed debe ser escuchada. Y era obvio que este atajo del camino volvería sobre sí mismo, al mismo punto de partida que no es exactamente el mismo, tal como sucede en una escalera caracol. Allí es donde Alicia Pérez Gil aprovecha magistralmente para no dejar que el lector se aleje del mundo alter-natural sin conocer a sus pececillos de plata, hechos para y por esa porción del mundo de la literatura que es capaz de temblar ella misma mientras hace estremecer por enésima vez al lector con sus historias... 

Luego de tal acercamiento a lo incomprensible y de un perfecto maridaje capaz de unir la Ciencia Ficción con la Fantasía, el lector se ha hecho amigo de aquellos a quienes ha leído más de una vez en distintos cuentos, o más de una vez en el mismo único y exacto cuento amado. Ya tiene sus preferidos, pero no se decide. Todos son excelentes escritores y el lector lo sabe. Ha trabajado codo con codo junto a ellos, reescribiendo cada historia en su mente y en sus vísceras. Y ahora rebosa de entusiasmo, de una suerte de entheós frenético y báquico. Quiere, necesita de esas historias que aún lo aguardan más adelante. Y corre sin ningún reparo hacia ellas, como quien se arroja al vacío del espacio para hundirse en la aventura de imaginar. 

Y la imaginación lo recibe con una renovación, con una mixtura de los clásicos vistos en primera persona. José Manuel Da Silva hace poner al lector en el lugar de la bestia y de la víctima, y lo ayuda a reflexionar junto a la tela de una prosa bien construida. Luego de esto, y todavía temblando, el co-escritor se acerca a Luis Silva, quien le enseña no sólo sobre los trágicos terrores que ha creado la historia sino sobre otros miedos, mucho más funestos y sutiles, escondidos en el interior de los anhelos más bondadosos. Sin darle un respiro, Joan Antoni Fernández le tiende una mano para conducirlo por la más feroz de las competencias del Sistema Solar, una en la que sólo los dioses triunfan y jamás aquellos que ostentan el nombre de humano. Entonces el lector piensa en cómo estos relatos lo han llevado al límite de su propia humanidad, de lo que significa ser quien es. Pero, ¿quién es? ¿No es esa la pregunta fundamental de la Ciencia Ficción y la Fantasía? Reinaldo Manso no tarda en acudir en su ayuda: tal vez la mejor fórmula sea que quien no es humano nos enseñe a serlo. Tal vez la humanidad se comprenda mejor desde la vereda de enfrente de nuestro propio ser... Y, siguiendo esa tesitura, es como se teje el Yin y el Yang del siguiente relato, uno en el que una servidora (sí, con bastante pudor, Teresa P. Mira de Echeverría) intenta mostrar, a través de un robot aficionado a Rameau y de una humana enamoradísima de él, cómo es probable que nuestra naturaleza se explique en la conjunción de lo que somos y lo que no somos; como si fuésemos un ente que sólo logra ser plenamente él mismo cuando es más de lo que su esencia le dicta, o sea, cuando es capaz de superarse a sí mismo y engullir las estrellas... 

Ahora el lector, fortalecido con universos que se fusionan con la carne humana y el metal pensante, con bestias que no lo son y con humanos bestializados y bestializantes (y habiendo estado sumido en decisiones humanas que sólo le corresponderían a dioses); se siente lo suficientemente fuerte como para entrar en el último recodo del laberinto, aquel que puede llevarlo a todo sitio o a ninguno, al límite del universo o a su mismo inicio, o quizás... ¿por qué no?, al centro exacto de sí mismo... 

Malena Salazar Maciá recibe al lector con una sonrisa misteriosa. Imposible hablar de esas empanadas y ese café sin decir demasiado. Cuando por fin lo averigua, el lector sale corriendo (incluso emocionado hasta cierto punto), y colisiona con las esencias complejas y turbias que Luis Carbajales ha depositado allí para confusión de sus personajes y, posiblemente, de sus lectores. Sí, el fin del laberinto está acerca; el lector lo intuye, lo percibe. Y, de pronto, como en uno de esos bellísimos especiales whovian navideños donde la nueva reencarnación del Dr./Dra. se revela, Joan Antoni Fernández lo aguijonea por última vez para enseñarle que el costo de la perfección es quizás un cambio drástico realizado para que todo siga igual... Es posible que el lector dude, pero también es muy posible que este año ya no vea los regalos de Navidad del mismo modo que solía hacerlo... Ni al mundo que lo rodea.... Y eso, ese impactante golpe final, pone en escena la mismísima luz que la Ciencia Ficción y la Fantasía proyectan sobre la vida y el universo: un faro de posibilidades rompiendo la oscuridad del conformismo e impulsando, una y otra vez, el cambio. Siempre el cambio. 

Y es entonces que, tras el singular y poco ortodoxo regalo final, nuestro lector llega al colofón de ese camino esférico que le ha trazado una antología digna de Pascal, cuyo centro temático está en todas partes y cuya circunferencia formal en ninguna. Camino que, por supuesto, lo ha depositado en el principio de sus propios sueños... 

* * * 

Treinta y tres puertas (multiplicadas por la cantidad de lectores que los aborden y exponenciados por la cantidad de experiencias que los precedan) se abren ahora ante nosotros. Y vale la pena cruzarlas. 

Ser capaces de detenernos a contemplar, a desentrañar, a disfrutar todas y cada una de esas palabras sudorosas, que fueron soñadas y salieron del esfuerzo y las ilusiones de un ser humano con el que podremos entablar la más maravillosa de las conversaciones a través del espacio y del tiempo: la de leernos, de algún modo, mutuamente.

Teresa P. Mira de Echeverría 

Bs. As., Julio de 2017




Puedes descargar esta y otras Antologías de Ficción Científica pulsando aquí





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José Antonio Cordobés Montes


Economista y Administrador de la página web de ciencia ficción  ‘Ficción Científica’




Teresa P. Mira de Echeverría  (Argentina, 1971).

Doctora en Filosofía, trabaja como docente universitaria e investiga acerca de la relación entre ciencia ficción, filosofía y mitología.

Es una de los fundadores del taller literario “Los clanes de luna Dickeana”.

Sus cuentos han aparecido en las revistas Próxima, Axxón, NM y Opera galáctica entre otras publicaciones y en las siguientes antologíasTerra Nova (antología publicada en España y Argentina), Lectures d'Argentine —auteurs argentins du XXIe siècle—, Psychopomp II: Bunny Love, Tiempos Oscuros II —una visión del fantástico internacional—, Erídano, Suplemento Número 24 de Alfa Erida., Alucinadas y Antología Steampunk. Relatos del retrofuturo.

También ha publicado artículos y ensayos en diversos medios especializados como Signos Universitarios (Año I, 2 y Año IV, 6), El hilo de Ariadna, NM y Cuasar.


sábado, 23 de septiembre de 2017

INVITACIÓN AL III ENCUENTRO NACIONAL DE CUENTEROS y CUENTACUENTOS:

“CONTEMOS EN PAZ”


Amig@ Narrador(a) Oral

Recibe un saludo hermanado y la INVITACIÓN A PARTICIPAR en el III ENCUENTRO NACIONAL DE CUENTEROS Y CUENTACUENTOS “CONTEMOS EN PAZ”, como parte del Movimiento Nacional del Cuento y la Narración Oral, a realizarse en los Municipios San Diego y Valencia del Edo. Carabobo.

El primer año nos congregamos en torno a la necesidad de conocer ¿Qué contamos y cómo contamos?, el año pasado, el II Encuentro, fue en homenaje al gran artista boliviano Luis Luksic, que tanto aportó a nuestro país, este año será en Homenaje al médico y escritor valenciano, nacido en el Edo. Bolívar, EFRAÍN INAUDY BOLÍVAR, el cual se desarrollará los días 28, 29, 30 de septiembre y 1º de octubre 2017.


Efraín Inaudy Bolívar  (24 de enero de 1930-8 de enero 2012). Fotografía de Antonio González Boscan. Tomada del libro Rostro Y Poesía. 1996

Serán cuatro días en los que un grupo de Narradores Orales provenientes de distintos estados del País nos presentaremos en Comunidades, Escuelas y Plazas de los Municipios Valencia y San Diego, ante un aproximado de 1.500 personas o más, haciéndolas partícipes de nuestros relatos e historias…, contando también con espacios para compartir entre nosotros nuestras experiencias, nutriéndonos unos con otros de las mismas.

Para este Encuentro le garantizamos el hospedaje, alimentación y transporte para las distintas actividades dentro de los Municipios San Diego y Valencia. Agradecemos confirme su asistencia a alguno de los contactos. Traer sábana, paño y útiles de aseo personal. El Encuentro arrancará a las 5:00 pm del día jueves 28 de Septiembre. Esperamos recibirlos en el transcurso de la tarde en el terminal de pasajeros para  trasladarlos al pueblo de San Diego.

Atentamente,

Luis Cedeño: surrudelviento@hotmail.com (0416-7304350)
Rafael Pineda: tinmarin5@gmail.com (0416-4419699)
Grethel Bertorelli: gretheldejesus@hotmail.com (0414-4378100)
Leyda Colombo: fundacion.cultyvalor@gmail.com (04167312253)





PROGRAMA


JUEVES 28/09

Recibimiento y traslado de los Cuenteros. Terminal Big Low (Frente a Arturos)

5:00 p.m

Bienvenida a los Cuenteros. Plaza Bolívar, Pueblo de San Diego


VIERNES 29/09

9:00 a.m.

Cuentos y Cantos. Plaza Sucre, Valencia

Taller para Bibliotecarios y Promotores Culturales de Secretaría de cultura. Biblioteca Central "Manuel Feo la Cruz", Valencia

3:00 p.m. Contada en Escuelas. Pueblo de San Diego.

7:30 p.m. Conversatorio Movimiento Nacional del Cuento y la Tradición Oral. Pueblo de San Diego.


SÁBADO 30/09

9:00 a.m. a 12:00 m. Contada en las Comunidades. Pueblo de San Diego.

2:00 p.m. Encuentro y Cuentos con el Río La Cumaca. La Cumaca.

5:00 p.m. Encuentro en la Casa de Los Duendes Jacobo y Nacho. La Cumaca.

DOMINGO 01/10

9:00 a.m. Despedida de los Cuenteros. Pueblo de San Diego.



viernes, 22 de septiembre de 2017

Los fistros de Tetis:

Un cuento malagueño de Ciencia Ficción.






Aprovechando que reírse aún no es delito. Un cuento humorístico: Los fistros de Tetis.

Hoy es un placer presentarles un cuento humorístico de Ciencia Ficción de dos malagueños:  Daniel Henares y Augusto López. Además Daniel es termalita, por si hacían falta más señas. No es muy usual acercarse a la ciencia ficción desde la perspectiva del humor. Probablemente la juventud del género y su consiguiente falta de autoestima le impida reírse de sí misma.  No facilita la cuestión el hecho que muchos autores y aficionados aspiren a que su amado género ingrese en el club de los géneros mainstream, convertirse en la nueva novela negra; el último género que se levantó del mundanal fango a las límpidas alturas academicistas. Mucha suerte.



A pesar de los pocos cultivadores del humor en la CiFi hay gloriosos autores: Frederic Brown con Su marciano vete a casa (1955), Stanislaw Lem y sus dos antologías de 1968 sobre las aventuras del Pilot Pirx o más recientemente el ingenioso John Scalzi, hacen brillar este chiringuito. Y no hablo del cine de CiFi de humor por… por… porque no me da la gana.

A nadie se le escapa que esta época de pura Contrarreforma, no sólo es mala época para el humor sino para la libertad de expresión. Los chistes que nos hacían reír a mandíbula floja hace dos décadas, hoy son machistas, sexistas, supremacistas, xenófobos, de mal gusto, racistas, políticamente incorrectos, sacrílegos, decadentes, inconvenientes, prohibidos, ofensivos, susceptible de lapidación en las redes sociales… malos tiempos para la lírica y para vivir.


 Golpes Bajos (1998) Malos tiempos para la lírica

Hacer humor, hoy día es suicida, temerario y hacerlo sobre la ciencia ficción es ruinoso.

Los amigos Daniel y Augusto no sólo hacen un cuento humorístico, sino que es el guión de un programa para “Málaga al día” de radio Onda Azul. La ciencia ficción radiada ha tenido una gran importancia y no sólo en España. No voy a recordar esos seriales eternos en las tardes del triste franquismo. Diego Valor, en los cincuentas, fue el más importante de los dedicados a la Ciencia Ficción. El epítome de la ciencia ficción en la radio, sin duda, lo alcanzó Orson Wells y su versión de La Guerra de los Mundos  en 1938. ¿Qué se puede decir de aquello?  ¡Si hasta hicieron una película! En esta época de imágenes, la última palabra (mejor dicho el último fotograma) la pone el cine y se acabó: punto final. Todo lo demás es insustancial, irrelevante, ya nadie lee. Esos millones de libros escritos se perderán para siempre, como lágrimas en la lluvia, es tiempo de… centrarse y hablar de Los fistros de Tetis.

Volvamos, es ponerme a hablar de cine y me animo. ¿Quién quiere leer si se puede ver una peli? Todavía ningún productor se ha interesado en convertir esta historia en un corto de CiFi o algo más, pero ¡Ya tenéis disponible el enlace para escucharlo! ¡Viva el sonido!, ¡muera la letra! Aunque el video matara al artista de la radio:


The Buggles (1980)  Video Killed the Radio Star

El cuento que nos ocupa tiene un alto componente local. Utiliza como pivote central la cosmogonía de un humorista malagueño, trinitario para más señas: Chiquito de la Calzada. Chiquito salta a la fama a mediados de los noventas, con 62 años, y ha dejado una fuerte impronta por su humor blanco, plagado de neologismos del absurdo: fistro, pecador de la pradera, Ay canemor, ¡Jarl!, ¿Te da cuen? Muletillas que trascendieron su contexto y se generalizaron en el hablar de las gentes.

Chiquito de la Calzada

Es muy fácil encontrarse a Chiquito por el centro de Málaga, durante años hemos comido en el mismo restaurante todos los martes. Mi especial pudor me ha impedido dirigirme a él, pero he visto a cientos de personas abordarle mientras comía pescaito con su señora: siempre amable y simpático, nunca defraudó a sus fans y alguno merecía el fuego eterno. Chiquito es como aparenta ser, en 2012 falleció su esposa y ya no ha vuelto a ser el mismo: 85 años le contemplan.


Sirva este cuento de homenaje a los humoristas, a los últimos héroes, y si son de ciencia ficción son nuestra última esperanza… que la fuerza os acompañe.

by PacoMan

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Compartimos con ustedes este video de Nacho Iribarnegaray que les resultará bastante ilustrativo a todos los no malaagueños.


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Los fistros de Tetis.


Daniel Henares y Augusto López.



Hernando dormía la mona debajo de un eucalipto, se había colado en el camping abandonado de los Baños del Carmen saltando la tapia. Era un sitio solitario y más o menos tranquilo. Un crujido lo despertó y cuando abrió los ojos quedó boquiabierto. Miró la botella como para asegurarse de que solo era vino, porque lo que veía no era posible.

La inspectora Ana Segado jugueteaba con el móvil mientras su superior le detallaba la agenda del día. Aún recordaba el sueño que había tenido esa noche: era poca amiga de lo insólito e intentaba huir de él. No podía, algo en su interior le decía que las cosas ya nunca iban a ser como antes y que en ese sueño loco parecía estar la clave de todo.

Un extraño objeto con forma de huevo y de color gris bajó con lentitud y en completo silencio del cielo hasta posarse ante el vagabundo. Una pasarela se extendió y bajaron cuatro hombres. Vestían igual y caminaban raro, como dando saltitos.

–Segado, hay una urgencia.

–Habla con Damián, yo estoy hasta arriba con el caso del turista múltiple.

–El jefe dice que tú.

–Pues yo digo que no.

–¿Sin saber de qué se trata?

Ana Segado tragó saliva y se atrevió a decirlo:

–¿No tendrá que ver con unos alienígenas? ¿Verdad? 

Uno de los hombres miró a Hernando, el cual quedó paralizado de miedo. Empezó a acercarse con su curioso andar y el indigente reaccionó por fin y corrió como nunca antes lo había hecho, salto la tapia en un santiamén y cayó por el otro lado. Mientras huía le pareció que lo llamaban pero no entendió qué decían. ¡Vaya abducción de la que he escapado! Pensaba mientras corría por las calles desiertas en la madrugada malagueña.

–Joder qué lista eres. Un vagabundo refirió ayer por la mañana a una patrulla de la local un encuentro con supuestos extraterrestres. La cosa se hubiera quedado ahí, de no ser porque otros ciudadanos nos han llamado por lo mismo.
–A ver si son unos noruegos de despedida de soltero, como lo del año pasado.

–Son cuatro y hablan de un modo muy especial. Ah y tienen poderes. Y buscan algo. 

El día siguiente amaneció como otro cualquiera de agosto. En la Taberna del Olvido, Miguel iba preparando el establecimiento para abrir a mediodía. Estaba absorto cuadrando las cuentas del día anterior cuando unos golpecitos en la ventana llamaron su atención. Miró y vio a cuatro extraños tipos vestidos muy raro. Hizo un gesto con la mano indicando que estaba cerrado, pero los tipos volvieron a golpear. Qué incordio, pensó, estos guiris no se enteran de nada. Abrió la puerta para pedirles que se fueran, pero antes de que pudiera reaccionar estaban los cuatro dentro.
–Fistro -le dijo uno, –queremos vino dulce.

–Vinito, vinito. –Dijo otro.

Miguel estaba un poco alarmado, ya que esos tipos de guiri tenían poco, hablaban malagueño bien castizo. Se le pasó por la cabeza que quizá querían robarle. Así que les pidió que esperaran mientras iba a por una botella.

–Caballo blanco, caballo negro. –Cantó uno de ellos mientras el dependiente se alejaba. 

Volvió con el teléfono y lo agitó amenazante

–Váyanse o tendré que llamar a… –El teléfono quedó colgando en su mano mientras contemplaba a los cuatro tipos haciendo profundas reverencias a un barril de vino dulce.

–Ustedes están locos. –Logró decir Miguel.

Los cuatro estaban concentrados en sus alabanzas y no le prestaron atención. Uno de ellos abrió el grifo del barril y colocó la boca debajo. Miguel miraba como el tipo tragaba, después se apartó y otro de los intrusos realizó la misma operación. El dependiente estaba harto y empezó a marcar el número de la policía, pero cuando iba por la mitad el teléfono se le cayó de la mano y empezaron a temblarle las piernas. Uno de los hombres, el que había bebido primero, estaba cambiando. Su piel se volvió azulada y algo parecido a unas branquias aparecieron en su cuello. Pero lo peor es que el ser azul miró a Miguel y dijo:

–¡Por la gloria de mi madre! ¡Lo hemos encontrado!

–Y eso es lo que pasó, inspectora. ¿Quiere ver las imágenes de las cámaras de seguridad?

La inspectora Segado elaboró un plan de acción. Los extraños seres cambiaban al beber vino dulce y ése sería el método que usarían para detectarlos. La estrategia estaba clara: ofrecer vino moscatel por doquier hasta acorralarlos. Pronto corrió el rumor de que Málaga estaba siendo invadida por extraterrestres; los móviles, redes sociales y peluquerías ardían de indignación.

Entre la invasión y la feria el nivel etílico de los malagueños se disparó. Algunos decían que era mejor no encontrarlos y tener vino dulce gratis de por vida. Sin embargo, para decepción de muchos, al final los cuatro seres extraplanetarios fueron detectados montados en el saltamontes de la feria. Al parecer los movimientos bruscos también los devolvían a su forma original.

Los detuvieron y los llevaron a la Plaza de la Merced donde, pese a la tibia oposición de las autoridades, se estableció un juicio popular para averiguar sus intenciones y ver qué harían con ellos. Los extraterrestres escogieron un portavoz y éste empezó a hablar.

–Nosotros somos gente perita, del espacio, pero perita. No sean hombres malos y violentos, escúchennos al menos.

La gente estuvo de acuerdo y debido al puntillo incluso se vieron sonrisas de simpatía. 

–Sí. Que hablen. –Dijeron algunos.

–En nuestro hogar, que los terrícolas llamáis Tetis, tenemos una antigua leyenda.

El vino seguía corriendo y la gente cada vez estaba más entusiasmada.

–¡Tetis! –Dijo uno, –será que tiene forma de teta.– La gente se moría de risa, y es que a un malagueño le hace falta poco para reírse y a un malagueño lleno de vino dulce, nada.

–Nuestra leyenda dice que existe un elixir que produce felicidad, relajación y tiene un saborcito estupendo. Es vuestro vino dulce. Por fin lo hemos encontrado. 

–Sí. Pero cómo sabíais que lo teníamos. –Dijo Miguel, el del bar, que no se fiaba un pelo.

–Nuestra tecnología es avanzada. En las parabólicas de Tetis se coge canal sur, aunque llega con veinte años de retraso, y ahí descubrimos la existencia del elixir mágico que ustedes llaman moscatel. También descubrimos a chiquito y se nos pegó la forma de hablar.

–Ajá. Así que queréis robarnos el vino, y seguro que de paso destruir la Tierra y esclavizar a la humanidad. –Dijo uno con muy mala pipa.

–Anda hombre. Si son la mar de simpáticos. –Protestaron otros. –Y la nave tan chula que tienen. Parece una escultura del CAC.

–Habíamos venido a llevarnos la receta y producirlo en nuestro planeta. –Dijo el extraterrestre. –Pero hemos estado debatiendo y bueno, nos gusta el ambiente. Playita, feria, vino, cachondeo ¿Qué más se puede pedir? Así que queremos solicitar la nacionalidad, la planetalidad o lo que corresponda.

Un murmullo de sorpresa y duda se extendió entre los congregados.

–Sí, pero ¿qué ofrecéis a cambio vosotros? –Gritó un tipo.

–Los secretos de nuestra tecnología.

–¿Cuáles son? ¿Cuáles son? –gritó la gente.

–Teletransporte, viajes en el tiempo, una fuente de energía limpia e ilimitada y un remedio para eliminar la resaca.

–¡Un remedio para eliminar la resaca! ¡Qué increíble! –Exclamó uno. 

Y entonces la gente empezó a corear entusiasmada.

–¡Que se queden! ¡Que se queden! ¡Que se queden!

La inspectora Ana Segado observaba a la multitud con curiosidad indiferente. Una melodía proveniente del móvil la sacó de sus pensamientos. No se sorprendió al ver quien era.

–¿Santo y seña? –bramó una voz al otro lado del teléfono.

–No te digo trigo por no llamarte Rodrigo.

–¡Jarl! –respondió satisfecha la voz. –El plan marcha muy bien.

–No sospechan nada. Ni siquiera yo lo hacía, hasta que el sueño me devolvió mi identidad verdadera.

–Así es, agente Grijander. Es usted la más eficaz. Pronto podremos comprar el Málaga y el Unicaja y de ahí a conquistar el mundo. ¿Te da cuen?
–¡Jarl! –respondió.





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by PacoMan 

En 1968 nace. Reside en Málaga desde hace más de tres lustros.
Economista y de vocación docente. En la actualidad, trabaja de Director Técnico.
Aficionado a la Ciencia Ficción desde antes de nacer. Muy de vez en cuando, sube post a su maltratado blog.

Y colabora con el blog de Grupo Li Po


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Daniel Henares Guerrero.

Nacido en 1983. Malagueño de nacimiento y residencia. Aficionado a la literatura en general y al género fantástico en particular. Sigue, cual obediente hormiguita, apilando escrito sobre escrito en su blog www.danielhenares.com

Le gusta vivir a ritmo de blues y dormir siempre que es posible. Hay quien dice que es un filósofo callejero y también quien dice que solo es un charlatán que no paga la cuenta. Juzgue usted, si le apetece, y si no échese una siesta, que siempre viene bien.


Buenas noches.

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Augusto López

Nací en Málaga, en 1967. Soy escritor, gestor cultural, profesor de español para extranjeros e imparto talleres de escritura creativa.

Como dramaturgo cuento con varias obras estrenadas y en el campo de la gestión cultural, destacar trabajos y colaboraciones con la Universidad de Málaga, Dickinson College y muchas otras instituciones y empresas.

He trabajado como guionista de televisión, series para internet, actividades culturales y campañas publicitarias. Otra faceta que he desarrollado ha sido la editorial, concretamente en la dirección de revistas y fanzines literarios:


Para información sobre mis obras literarias u otros trabajos: www.augustolopez.es/augusto-lopez